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Cumbre climática en hora crucial: jugada maestra o fracaso

Fecha publicación en LatinClima: 9 Diciembre 2015
Autor institucional: Semanario Universidad
Región: Mundial
Año de publicación: 2015
Semanario Universidad
El ministro costarricense de Ambiente y Energía, Édgar Gutiérrez, participó en una demostración organizada por la sociedad civil como medida de presión para buscar un mejor acuerdo en París.

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París, Francia. Llegó la semana decisiva. El esfuerzo realizado durante los últimos cuatro años para construir la arquitectura legal de un nuevo tratado climático mundial será puesto a prueba en los días venideros.

Es aquí cuando probaremos la verdadera fuerza de la Convención Climática de Naciones Unidas, que dirige la costarricense Christiana Figueres.

En el gigantesco centro de conferencias ubicado en las afueras de París, negociadores de 195 países comenzaron la segunda semana de la Conferencia Climática del 2015 (COP21), trabajando sobre un borrador del acuerdo aprobado el pasado sábado. El documento es todavía un boceto que resulta tan tedioso de leer, como crucial para cualquiera que viva en este planeta.

Como ocurre con frecuencia con estos acuerdos, la lucha de estos últimos días se librará sobre frases del tipo “países en posición de tomar medidas” o “bajo la Convención”, palabras aparentemente intrascendentes comparadas con la titánica tarea de reducir el calentamiento global, hasta que uno descubre −lupa legal en mano− que esas  palabras son las que definirán la reducción de emisiones de gases a la atmósfera.

Los negociadores batallarán sobre adverbios y oraciones subordinadas, sobre comas y acrónimos que después (esperamos) tomarán la forma de plantas eólicas, mercados forestales para compensar carbono y planes comunitarios para preparar poblaciones costeras y aldeas ante el calentamiento global.

Aquí en París se negocia el armazón, pero los ladrillos están siendo construidos por ciudadanos, empresas y gobiernos nacionales, en todo el mundo. Y el armazón de ese armazón, el borrador del acuerdo, fue aprobado el pasado sábado 5 de diciembre.

“Pudimos haber estado mejor, pudimos haber estado mejor; lo importante es que tenemos un texto, que queremos un acuerdo y que todas las partes quieren un acuerdo”, dijo la embajadora de cambio climático de Francia, Laurence Tubiana, cuando cerraron las negociaciones la semana pasada.

¿Qué podemos esperar? Es complicado decirlo. Tal vez consigamos un acuerdo climático sólido  y armado de suficientes herramientas para su implementación. Puede ser que los delegados firmen un acuerdo flojo y con dientes de leche, y también puede ocurrir que todos regresen a casa con las manos vacías, sin nada en firme, como ocurrió hace seis años en la conferencia de Copenhagen, Dinamarca.

El borrador aprobado la semana pasada dista mucho de un documento definitorio: contiene todavía más de 900 opciones, cuya deliberación escapa al nivel técnico de los funcionarios que negociaron la primera semana.

Por eso, a partir del domingo los ministros llegaron a la cumbre. Caminan con sus credenciales rojas (solo hay 196 entre los 40.000 gafetes rojos, uno por cada país y otro para la Unión Europea que también es firmante) y entran y salen de reuniones con abrigos de invierno bajo el brazo y carpetas llenas de tablas y líneas de negociación. Vienen a negociar los puntos difíciles de la agenda climática.

Delegación costarricense

El ministro de ambiente y energía, Édgar Gutiérrez, representa a Costa Rica en esta sesión de alto nivel, el cuarto jerarca en llegar tras los ministros de Relaciones Exteriores, Agricultura y Ganadería y la vicepresidenta Ana Helena Chacón, todos ya de regreso en suelo tico.

“Costa Rica está haciendo un llamado por la acción climática centrada en las personas y así incrementar la resiliencia de nuestra gente para hacerle frente al cambio climático”, dijo el ministro en una conferencia de prensa del Foro de Vulnerabilidad Climática (FVC).

Unas horas antes, en entrevista con UNIVERSIDAD, Gutiérrez denunció la actitud mezquina de ciertos países que están bloqueando las negociaciones (vea entrevista) y durante la conferencia instó a la sociedad civil a presionar.

“Todos tienen que involucrarse en esta decisión presionando a los negociadores. Háganles saber que estamos aquí”, dijo Gutiérrez.

Su llamado encuentra un respaldo en las acciones que durante décadas ha tomado la sociedad civil, que busca tenazmente (a estas alturas del proceso iniciado en 1994, tercamente) un acuerdo lo más ambicioso posible. Precisamente el martes tras su conferencia, Gutiérrez participó junto a los ministros de Filipinas y Etiopía en una demostración organizada por organizaciones no gubernamentales que apoyan ciertos puntos claves.

¿Cuáles elementos? Que el acuerdo sitúe el límite de calentamiento global aceptable en 1,5 grados centígrados sobre los niveles preindustriales y no 2 grados, como actualmente ocurre; que el mundo prometa descarbonizarse y tener 100% energías renovables para el año 2050, e invertir en acciones locales al mismo tiempo que piden financiamiento extranjero.

Pero no es tan fácil. Aunque dos de los grupos donde participa Costa Rica –el FVC y la Alianza Independiente América Latina y el Caribe (Ailac)– siguen estas posturas, la negociación es difícil a lo interno del poderoso bloque G77 + China, que reúne a más de 130 países del mundo en desarrollo, incluidos los petroleros de Medio Oriente, las islas del Pacífico y gigantes como China e India.

Allí es más complicado hablar de olvidar los combustibles fósiles (naciones como Arabia Saudí y Venezuela dependen del petróleo) o incrementar la inversión local en cambio climático. Otro tema espinoso, pero central para el país, es la protección de los derechos humanos dentro del acuerdo.

“Los seres humanos no pueden disfrutar sus derechos si existe cambio climático, es tan simple como eso”, explicó a UNIVERSIDAD el negociador en jefe de Filipinas, Tony La Viña.

El acuerdo que se negocia cruza por ciertas avenidas innegablemente relacionadas con los derechos humanos, como el acceso al agua potable, la seguridad de las viviendas de comunidades costeras y montañosas, y los derechos de las mujeres y los jóvenes. El bloque árabe, Estados Unidos y Noruega están opuestos a su inclusión.

A pesar de todo esto, la conferencia ha mantenido impasible su camino. Mientras en otros años se perdían varios días debatiendo sobre metodología, este año la Presidencia francesa logró mover la primera semana con agilidad y el proceso logró dirigirse rápidamente al ámbito político.

Para el jueves al mediodía, los países esperan tener un acuerdo finalizado, de modo que los lingüistas de Naciones Unidas puedan preparar las versiones oficiales en todos los idiomas oficiales. Sin embargo, todavía está lejos ese punto.

“El trabajo no está finalizado y tenemos que aplicar toda la inteligencia, la energía y la voluntad para llegar a acuerdos, y todos nuestros esfuerzos para llegar a un acuerdo. Nada está decidido hasta que todo esté decidido”, comentó Tubiana.

Así  se inicia la última semana del camino hacia el Acuerdo de París, la que cierra un proceso que arrancó en el 2011 en un centro de conferencias sudafricano similar a este y que definirá el legado del proceso: coronado como una jugada maestra de la diplomacia multilateral, o simplemente otro paso en la guerra que la humanidad batalla contra sí misma.

 

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