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Leer la tierra para prever la lluvia: saberes tradicionales campesinos

Fecha publicación en LatinClima: 16 Agosto 2016
País: Colombia
Región: Suramérica
Año de publicación: 2016
Semillero de comunicación ambiental Yuca Pelá
Ya no es tan fácil predecir la temporada de lluvias, los campesinos han ido perdiendo orientación sobre sus cosechas por los cambios que ha sufrido el clima.

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Al caer las primeras lluvias del año, los faroles se empiezan a apagar, los luminosos shows del macho luciérnaga que coquetea esperando la respuesta de la hembra, se apagan. Los amores de verano mueren con el agua. Eso lo saben los campesinos que han crecido descubriendo los secretos del Caribe colombiano. 

Durante años, los agricultores se han regido por conocimientos ancestrales como este que, a la hora de cultivar, se han convertido en sus mejores aliados. La gente del campo tiene en cuenta desde el cantar de un ave, la migración de especies, la posición de la luna y hasta el número del año para definir las siembras y cosechas. Esta conexión sabia con la naturaleza los alerta sobre el estado del tiempo.

Tomás Romero, un hombre que sacó a su familia adelante gracias a los cultivos que realizaba en el municipio de Arjona, Bolívar, en el Caribe colombiano, cuenta que cuando el “polvillo”, un frondoso árbol que se encuentra en casi todos los terrenos del Caribe, empieza a vestirse de amarillo, rodeado de las Morrocoyas (tortugas) que salen de dentro de la tierra después de 6 meses, sabe que viene el agua. “Todo lo que está enterrado sale cuando va a llover” afirma Romero, recordando su época de cultivador. “Cuando la luna está menguante sé que va a llover”, dice.

 Asimismo, Jesús Pérez, campesino de los Montes de María, también en el Caribe,  presiente  la llegada del agua cuando escucha las manadas de monos aulladores y el profundo croar de ranas y sapos que realizan un musical anunciando las lluvias. También, el cantar imponente de la “guacharaca”, un ave de la zona que canta anunciando el agua. Al escucharlos, Pérez alista  las 3 hectáreas de tierra que tiene para cultivar coco, maíz, yuca y árboles frutales. También reserva un pedazo  de la parcela para el pasto.

Mientras lo hace, observa cómo las hormigas empiezan a mudarse de nido. Como el ejército organizado y eficiente que son, emprenden una migración con su guarnición hacia su “nueva metrópolis” guiadas por su reina. Así esperan la lluvia. “La hormiga (reina) se mantiene presente en todo momento”, afirma Pérez. Él sabe también que las aguas se acercan cuando la hormiga “está desesperada”.

Todo cambia

Son muchas las señales para el que conoce el campo, pero los tiempos han cambiado y ya no es tan fácil predecir la temporada de lluvias. Los campesinos han ido perdiendo orientación sobre sus cosechas por los cambios que ha sufrido el clima. Pérez asegura  que ha ido perdiendo la orientación de los meses en que se puede sembrar. Reconoce que el conocimiento campesino se ha visto nublado por los cambios en el clima y ahora le tocó acostumbrarse a que la “lluvia o la sequía llegarán cuando Dios las mande”.

Antes abril, por ejemplo, era el mes de las lluvias. Todos lo sabían y lo esperaban. En ese mes, todos los campesinos se preparaban para cultivar. Pero este año abril pasó prácticamente seco, ya no fue el mes “de las lluvias mil”, como dice el dicho popular. En lo que va corrido del año, son pocas las aguas que han caído en todo el Caribe colombiano, incluso en ese mes. Las temporadas secas y húmedas no llegan con la regularidad de antes.

Sin embargo,  este campesino espera que regresen pronto, por eso ha vuelto a sembrar. Los reportes del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia (Ideam) indican que en el segundo semestre del año volverán las lluvias. Incluso se prevé el posible regreso del fenómeno de la Niña (exceso de precipitaciones).

Sin necesidad de mirar los reportes, los campesinos de Bolívar como Pérez y Romero miran al suelo y leen: las lombrices han empezado a dibujar huecos como mapas en la tierra para abrirle el camino al agua y el mono aullador ha vuelto aullar. No parece haber duda: se aproxima el agua.

 El carrao, un ave que se posa en palo seco durante las sequías, ya no se ha vuelto a parar por ahí y la guacharaca se ha vuelto a oír.  Por eso mientras la gente del campo siembra, las luciérnagas están empezando a apagar las luces, a la espera de una nueva oportunidad de conquista el próximo verano.

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