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Selva Bananito Lodge & Preserve: cuando el ecoturismo también lucha contra el cambio climático

Fecha de publicación en Latinclima: Sábado, Octubre 21, 2017
Autor institucional: LatinClima
País: Costa Rica
Año de publicación: 2017
Katiana Murillo
El ecoturismo puede ser un gran aliado frente al cambio climático por su interés en la protección de los bosques y su inclinación hacia la sostenibilidad.

Llegar a Selva Bananito Lodge & Preserve, en la zona Atlántica costarricense, no es nada fácil pero es parte de su encanto. Solo así se logra entrar verdaderamente en un mundo natural de bosques prístinos y numerosas especies de plantas y animales, algunas únicas y en peligro de extinción.

Para llegar al albergue, todo visitante es llevado por un camino rústico desde la comunidad caribeña de Bananito Norte, cerca de Puerto Limón y el Parque Nacional Cahuita,  el cual muestra a ambos lados fincas agrícolas y es interrumpido de cuando en cuando por ríos caudalosos que algunas veces es necesario pasar por cables entre los árboles.

El albergue se ubica al pie del Cerro Muchilla, en la Cordillera de Talamanca, el cual forma parte de la Reserva de Biosfera La Amistad; un territorio de gran valor socioambiental que está integrado, a su vez, por el Parque Internacional La Amistad (PILA), que comparte Costa Rica con su vecina Panamá, y por múltiples reservas indígenas y de vida silvestre.  Se trata de cerca de un millón de hectáreas de tierra protegida, la parte menos explorada del país y una riqueza biológica que ha sido escasamente estudiada.

En épocas de la colonización española, fue el refugio de aquellos indígenas que se resistieron hasta el final a ser conquistados y se refugiaron en bosques espesos que hoy día siguen conservando su exuberancia.

Selva Bananito Lodge & Preserve nació en una finca familiar hace más de 4 décadas, de la cual hoy solamente un tercio es utilizado para agricultura y dos tercios, cerca de 1000 hectáreas, son protegidas como una reserva biológica privada que colinda con el PILA y que actualmente funge también como refugio pero de quienes desean tener una experiencia única con el bosque húmedo tropical.

Los bosques primarios de la propiedad están en un régimen de servicios ambientales, esto significa que reciben un pago por parte del Estado costarricense por los servicios de conservación de la biodiversidad, protección de fuentes de agua, belleza escénica para fines turísticos y científicos, y mitigación de gases de efecto invernadero.

Rudi Stein, un alemán que adoptó Costa Rica como su hogar, fue quien adquirió y empezó a desarrollar la propiedad en la década de los setenta. Cuando quiso cortar los árboles del bosque lluvioso que rodean el río Bananito, sus hijos intervinieron para buscar una alternativa que evitara la deforestación. Así nació el proyecto de ecoturismo.

Los ingresos que genera el albergue están lejos del valor comercial que representa la madera y un pago que resulta simbólico  por los servicios ambientales que generan los bosques de la propiedad. Sin embargo, el proyecto turístico demuestra que es posible lograr un equilibrio con un sentido de conservación.

Según lo manifiesta Jurgen Stein, hijo de Rudi, están conscientes de que la sola existencia del albergue afecta este ambiente, pero tratan de minimizar el impacto de muchas maneras.

Por ejemplo, en vez de construir las cabañas cerca de o en el bosque, las ubicaron intencionalmente en un área que ya había sido alterada por la actividad humana. El 80% de la madera utilizada para construirlas fue de “segunda clase”, desechada por los taladores de árboles que los cortaron con otros propósitos; porque resulta que alrededor del 20% de un árbol es clasificado como de “segunda clase” y usualmente tirado a la basura.

Un turismo sostenible

En una colina rodeada por dos riachuelos se levantan 11 cabañas sobre pilotes, que siguen el tradicional estilo caribeño. Este estilo arquitectónico reduce la humedad que se acumula debajo de los edificios, mejora la ventilación y la vista y mantiene a los animales alejados de las cabañas.

De un lado de la colina se puede observar el río Bananito y su valle, en el cual se encuentran los pastizales, las plantaciones y las áreas reforestadas de la finca. Del otro, se levantan las montañas majestuosas de la  Reserva de Biosfera La Amistad.

Siguiendo el camino principal que baja la colina, se encuentra  un rancho que ofrece un área para cenar, un bar y una pequeña biblioteca. Allí también es posible probar los más deliciosos platillos con ingredientes locales. El personal del hotel, unas 20 personas, son en su mayoría locales, incluyendo altos mandos, y también hay voluntarios.

El alberge emplea energía solar para calentar el agua, se reciclan las aguas grises por medio de lirios de agua, según métodos nativos, y se utilizan champú y jabones orgánicos fabricados en una cooperativa local. Además, la familia Stein dona el 10% de las ganancias del albergue a una organización sin fines de lucro llamada Fundación Cuencas de Limón, creada por los mismos propietarios para proteger el recurso hídrico de la región y desarrollar programas educativos sin fines de lucro.

“Nuestro interés es que a largo plazo estos recursos permanezcan y que las comunidades locales se beneficien, abriéndonos también a un turismo rural comunitario”, señala Stein.

Además del albergue y luego de años de probar diferentes alternativas de siembra en tierras que fueran abandonadas hace mucho tiempo por empleados de la compañía bananera, Selva Bananito cuenta hoy también con un proyecto de reforestación de 100 hectáreas.

Asimismo, les ofrece a los visitantes la mitigación de los gases de efecto invernadero de sus vacaciones apoyando programas de protección de bosques y reforestación que lo certifican, como es el caso del Programa Viajeros con Conciencia Climática de la Cámara Nacional de Ecoturismo y Turismo Sostenible (Canaeco), para compensar las emisiones del transporte aéreo y terrestre.

Todas estas acciones han permitido que el albergue alcance las cinco hojas del Certificado para la Sostenibilidad Turística del Instituto Costarricense de Turismo, el máximo puntaje que un proyecto turístico puede obtener en sostenibilidad, y también fue catalogado por Preservation Effort Nets como uno de los 10 mejores eco-lodges en el mundo.

¿Vale la pena hacer todo esto? En el momento en que usted se abra a la inmensidad del bosque húmedo tropical buscando las especies de plantas y animales más sorprendentes, baje en rapel por una enorme y refrescante catarata o se deje arrullar por el canto de numerosas aves en una hamaca desde su balcón, sabrá que sí.

 

Este artículo fue escrito gracias al apoyo de la Cámara Nacional de Ecoturismo y Turismo Sostenible (Canaeco) y el Instituto Costarricense de Turismo en el marco de la Conferencia Internacional sobre Turismo Sostenible Planeta, Personas, Paz (P3).

 

 

 

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