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Tuvalu: el éxodo de un país que se hunde

Fecha publicación en LatinClima: 27 Agosto 2015
Región: Mundial
Fecha original de publicación: 4 Septiembre 2015
Efectos destructivos de las crecientes marejadas en las islas
Carlos García Granthon
Suuichi Endou, director de la ONG Tuvalu Overview, muestra los efectos destructivos de las crecientes marejadas en las islas. COP20, Lima, Perú.

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El gobierno de Tuvalu, un pequeño Estado insular de la Polinesia, está a la búsqueda de terrenos en venta, en tierra firme, a donde pueda migrar toda su población antes de que desaparezcan los nueve atolones que conforman ese país; uno que literalmente se hunde en medio del cambio climático.

Enele Sopoaga, Primer Ministro de Tuvalu, en una gira que realizó por Europa el pasado mes de julio en busca de ayuda, dijo a PressACP; “no se puede salvar al mundo si no se salva a Tuvalu”. Asimismo, el 24 de agosto, él y su gabinete declararon a Radio New Zealand que se encuentran, oficialmente, a la búsqueda de tierras en Nueva Zelanda y Australia adonde puedan llevar en éxodo a toda la población de su país para que esta pueda adaptarse y dedicarse a la agricultura para sobrevivir.

Pero, ¿cuánta tierra firme puede comprar un Estado que está entre los más pobres del mundo? Tuvalu cuenta con un PBI de sólo 36 millones de dólares al año y sus únicos ingresos provienen de la venta de monedas y estampillas a coleccionistas y de los derechos del dominio “dotTV” a empresas de televisión, pues la agricultura y ganadería local son solo una actividad de supervivencia.

Tuvalu, con sus pobladores asentados en islas con escasos 4 metros sobre el nivel del mar en sus puntos más altos, será uno de los primeros países en desaparecer de la superficie del planeta por acción del cambio climático; una desaparición inevitable y que desafortunadamente veremos antes de la mitad del presente siglo. La desaparición de Tuvalu no es una predicción alarmista, es un hecho concreto e irreversible.

Según cuenta Suuichi Endou, fundador de la ONG Tuvalu Overview, ya algunos islotes han comenzado a desaparecer y a comienzos de 2015, el ciclón Pam literalmente borró del mapa la isla de Vanafua, en la zona de protección natural del atolón de Funafuti, capital del Estado. Allí no hace mucho había una paradisiaca isla con un bosque de palmeras, hogar de aves marinas y fauna local, pero ahora solo queda un banco de arena semi sumergido de unos pocos metros de diámetro. 

Los tuvaluanos, una vez iniciado el éxodo, tendrán que dejar atrás sus raíces y sus muertos, para subsistir en calidad de inmigrantes en tierras extrañas, pues la figura de refugiados climáticos, que les hubiera facilitado las cosas, no existe aún en la legislación internacional. Como inmigrantes, perderán su identidad cultural y su nacionalidad, último y único patrimonio que podrían aún rescatar de entre las agitadas aguas de la política internacional, la que no logra llegar a un acuerdo eficaz sobre reducción de emisiones, ni sobre la asistencia a pueblos directamente afectados por los cambios climáticos ocasionados por el hombre.

Quizá le suene sencillo al lector tener que reubicar a 11,000 personas, pero ¿cómo se reubica la memoria, el orgullo y la identidad nacional de un pueblo con una rica historia tribal que se remonta al primer milenio antes de Cristo?  Es un pueblo que fue descubierto en 1568 por los españoles, saqueado por balleneros y traficantes de esclavos peruanos en el siglo XVIII, y que en la Segunda Guerra Mundial fue ocupado por los marines americanos y bombardeado por los japoneses. Se trata de un pueblo que con mucho esfuerzo ganó su independencia recién en 1978, es actualmente una monarquía constitucional perteneciente a la Commonwealth y habrá desaparecido del horizonte geográfico y de la lista de la comunidad de naciones antes de que transcurran 20 años.

Para terminar, sólo añadiré que, hoy por hoy, Tuvalu y sus más de 11,000 habitantes, una vez un idílico país de paz, pesca, palmeras, ocasos y música, piden ayuda de la única manera que saben hacerlo; cantándole al mundo en este video.