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Financiar la energía renovable descentralizada para humanizar la lucha contra el cambio climático

El pasado 18 de noviembre, la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático celebrada en Marrakech (COP22) finalizó con un balance positivo. Muchos países reafirmaron su compromiso de avanzar hacia un desarrollo bajo en carbono, reduciendo las emisiones que permitan cumplir con el objetivo del Acuerdo de París.

Como activista ambiental y social, haber participado en esa COP fue una experiencia tan emocionante como sobrecogedora. Desde mi perspectiva, los esfuerzos para combatir el cambio climático deben tener a las personas como centro y aprovecharse para generar bienestar y desarrollo. Y es posible hacerlo. A lo largo de los años he presenciado de primera mano cómo la energía renovable de pequeña escala y fuera de la red convencional (energía descentralizada) puede cambiar la vida de gente, generando oportunidades económicas y reduciendo la pobreza en los países en desarrollo.        

Durante la COP22, las discusiones sobre el financiamiento generaron gran expectativa.  Mientras algunas partes y grupos de sociedad civil abogaban por acelerar la acción a través de inversiones para la sustitución de fuentes de energía fósil (decarbonización), otros se concentraban en  aumentar el financiamiento dirigido a los países en desarrollo para adaptarse y compensar los daños producto del cambio climático.

Y parte de ese financiamiento podría dirigirse a la energía renovable descentralizada, una solución a múltiples retos de nuestra agenda de desarrollo global; una apuesta que cruza tanto la mitigación como la adaptación al cambio climático, porque además de reemplazar tecnologías contaminantes, reduce la vulnerabilidad de las poblaciones.

Entre sus ventajas están la independencia que genera obtener energía de fuentes disponibles localmente y la eficiencia de consumir energía más cerca de donde se produce. Sin embargo, la energía descentralizada aún no es una prioridad en las estrategias de los países y de los fondos multilaterales.

Un estudio llevado a cabo por IIED e Hivos revela que solamente un estimado de 3.5% del total del financiamiento climático es destinado a proyectos de energía descentralizada, lo que equivale a un muy pequeño porcentaje (0.2%) de lo requerido para potenciar sus beneficios. A la vez, el 95% de este financiamiento es colocado en países con ingresos medios y altos, excluyendo a los países más pobres y menos desarrollados.

Si queremos humanizar los esfuerzos para combatir el cambio climático es necesario que los países, donantes e instituciones financieras prioricen las soluciones no solo valorando los indicadores financieros, sino también el impacto categórico que pueden tener en la agenda global de desarrollo, en la vida de las personas.

Seguiremos trabajando para que esos actores clave comprendan que, para superar el enorme reto que representa lograr un desarrollo limpio y sostenible, la energía descentralizada debe ser una prioridad en el financiamiento y las acciones mundiales en torno al cambio climático.