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Nueva oportunidad para abrazar las energías renovables

La presencia de líderes y representantes de gobiernos que se dieron cita en México del 11 al 13 de setiembre, con motivo de la Conferencia Internacional de Energías Renovables (IREC), generó un importante impulso para el diseño para un mundo abastecido 100% por energías renovables  y la búsqueda de la necesaria descarbonización de las economías. Las decisiones que los líderes emprendan hoy definirán de gran manera cómo será el transito hacia las energías del siglo XXI y, por cierto, jugará un rol determinante en la reducción de los riesgos asociados al cambio del clima global como el aumento del nivel del mar, las sequías, inundaciones y el desequilibrio ecosistémico en general. Para limitar los desastres asociados al aumento de la temperatura global sobre los 1,5ºC respecto de la era preindustrial, nuestra mejor alternativa es  un compromiso global para el 100% de energías renovables a mediados de siglo.

Si bien los países ya han avanzado en este camino al comprometerse bajo el Acuerdo de Paris a desarrollar acciones nacionales para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, estas contribuciones (NDCs, por sus siglas en inglés) aún no ofrecen la seguridad necesaria. Los pronósticos optimistas indican un aumento de la temperatura media global sobre los 2,7ºC. Dichos planes, por tanto, deben escalarse para alcanzar un balance neto cero emisiones al 2050, lo que implica la generación de esquemas nacionales para el despliegue y establecimiento de las energía limpias y renovables. Las futuras generaciones y la salud de los ecosistemas dependen, en gran medida, de compromisos ambiciosos hacia un 100% de energía renovable y un nuevo conjunto de valores para garantizar un desarrollo alternativo y de bajo riesgo.

La decisión de México de acoger la Conferencia Internacional de Energías Renovables (IREC) fue una señal para las grandes economías y países de América Latina sobre el valor y la necesidad de invertir en energías renovables, sobretodo cuando es necesario una completa transformación hacia las energías renovables para abrazar los beneficios y limitar las consecuencias sistémicas e impredecibles del cambio del clima global. Continuar con el uso de los combustibles fósiles seguirá afectando la estabilidad del clima y provocará desastres de características sociales y económicas nunca antes vistos en la era moderna. Las sociedades necesitan una transformación abrupta, rápida y escalable hacia un sistema limpio y justo de energía; con inversiones adecuadas y políticas correctas, la transformación hacia las energías renovables y el abandono de los combustibles fósiles es posible.  Hoy ya 50 países, agrupados en el Foro de Países Vulnerables (CVF, por sus siglas en ingles), aspiran a un 100% de energía renovable para el 2050 y diversos actores no estatales como ciudades, empresas, las universidades y otros están emprendiendo acciones para abastecerse en un 100% por energía renovable. Solamente China invertirá el equivalente de 360.000 millones de dólares en energía renovable para 2020, lo que le permitirá crear más de 3,6 millones de puestos de trabajo.

La urgencia de emprender un cambio transformacional en la forma en que los seres humanos producimos y consumimos energía y recursos es respaldada en todo el mundo. Ello exige el despliegue de esquemas renovados de gobernanza territorial donde las fuentes de energía renovables son percibidas como la vía correcta para la autonomía y la seguridad energética y el establecimiento de esquemas modernos de distribución de beneficios. Este cambio de paradigma hacia la democracia energética es profundamente respaldado por muchos ciudadanos que creen que los combustibles fósiles deben permanecer en el suelo, ya que continuar  afectando los ecosistemas y la estabilidad del clima tiene consecuencias irreconciliables en la riqueza biológica y cultural que no podemos permitir.

Los países que se dieron cita en la Conferencia Internacional de Energías Renovables (IREC), deberán actuar en consonancia. Aprovechando esta plataforma común para abordar conjuntamente el objetivo de avanzar las energías renovables, los gobiernos deberán construir sobre lo resultados ya logrados, honrar sus compromisos bajo el Acuerdo de París y responder adecuadamente a los desarrollos de la vida real. La energía solar y la energía eólica se han expandido más rápidamente y de manera más económica de lo proyectado por los más optimistas y todo apunta a que continuará su aumento y proliferación. Por ejemplo, datos de IRENA revelan que en los últimos años América Latina ha experimentado un crecimiento impresionante en energías renovables no hidroeléctricas, cuya capacidad instalada se ha triplicado entre 2006 y 2015, de 10 gigawatts (GW) a 36 GW, con un crecimiento significativo de la energía solar fotovoltaica solar en Chile, México, Perú y Uruguay.

México, como el segundo mayor emisor de CO2 de América Latina, tiene un doble desafío ya que se espera proponga planes concretos para aumentar las energías renovables, lo que requiere un marco sólido basado en la eficiencia energética, y debe asegurar que estos planes se establecen sobre la base de lo comprometido en el concierto internacional. Afortunadamente, existen buenas oportunidades por medio de la Ley de Transición Energética de 2015, que reemplaza toda legislación anterior y contempla un programa de diversificación energética, con un foco importante en energías renovables. Este programa requiere que las empresas produzcan 25% de energía limpia para 2018, 30% para 2021 y 35% para 2024, lo que concuerda con el plan de acción nacional (NDC), que propone una reducción de emisiones de gases de efecto invernadero del 22% para 2030 y un pico de emisiones para 2026. Sin embargo, resulta fundamental mejorar dichos objetivos y trabajar en un marco de transparencia para alcanzar cero emisiones netas para 2050 y asegurar que la temperatura media mundial no sobrepase los 2ºC a fines de siglo.

Una gran oportunidad para el gobierno de México es la convergencia entre el Diálogo de Facilitación de 2018; es decir, la discusión global para asegurar que los países presenten mejores compromisos de reducción de emisiones antes de 2020 y el lanzamiento a nivel nacional de los Certificados de Energía Limpia.  No obstante, estos deben ajustarse, ya que se conciben como vehículo para facilitar la operación de productores y grandes consumidores de combustibles fósiles a la vez que se obtienen recursos para reinvertir en energías limpias.. México tiene la oportunidad de hacer un cambio real hacia un 100% de energía renovables, que implementado de manera transparente y participativa, ofrece grandes beneficios en la búsqueda del bienestar social y ambiental.

El tiempo para una acción transformadora y arraigada en un futuro 100% con renovables es ahora.