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Por qué se debe cambiar el lenguaje del Cambio Climático y el contenido de algunos discursos

GEI, MRV, SINAMECC, NAMA, NAPA, PHEV, AFOLU, NDC, Atte. – la DCC y la UNFCCC,  – el lenguaje climático está lleno de acrónimos y lo que para los expertos son términos standard, para el resto de la gente no son más que una agrupación de letras. No se trata de educar a la población para que entienda lo que quiere decir una terminología sumamente técnica, se trata de adaptar tanto el lenguaje como los contenidos para poder acercarse a todos. Porque no se queda solo en el uso de los acrónimos, son las acciones que no son tangibles para los sectores más vulnerables.

Un desarrollo bajo en emisiones no es sólo promocionar energías alternativas a las fósiles, es generar políticas que favorezcan a todos los estratos socioeconómicos. Un ejemplo de esta distorsión es la discusión sobre vehículos eléctricos. Sin duda alguna, es algo que se debe impulsar y el proyecto de ley para la exoneración es un mecanismo válido para estimular un cambio – entre la gente que de todas formas tiene el poder adquisitivo para comprarse un vehículo. ¿Y el resto de la población? Con este discurso no se llega al 75% de la población restante que no tiene vehículo y tampoco a aquellos que a duras penas logran pagar las cuotas para una moto. Para este porcentaje, el mensaje es “se debe mejorar el transporte público”. No hay proyectos de ley que abarquen seriamente todas las reformas de institucionales que se deben hacer. Es decir, que en esta línea el discurso se limita hasta el momento a palabras vacías.

En el sector agrícola, el discurso es diferente. Iniciativas para reducir emisiones en el sector cafetalero sí incluyen a pequeños productores que han visto las oportunidades de crecimiento al mejorar sus prácticas. Pero en general, si no se acopla el diálogo climático con el desarrollo social, difícilmente se llegará a las metas planteadas.

Otros países dan ejemplos claros de cómo hacerlo. En la Unión Europea, un grupo de científicos propone finalmente ponerle un precio a la tonelada de carbono producida (40 Euros por tonelada, que afecta principalmente al sector industrial). Este “impuesto al carbono” no iría a reforestación, sino a una reducción de impuestos para aquellas personas con menor ingreso. Este es un ejemplo de cómo vincular la política climática con el desarrollo social.

¿Cómo pasar de una esfera de NDCs, GCF y MRV a políticas que lleven finalmente tanto a una reducción de emisiones y acortar la brecha de la desigualdad? Ese es el reto que tienen todos aquellos embajadores climáticos - desde políticos hasta los medios de comunicación. Un comienzo es bajar la intensidad de los acrónimos, que finalmente alienan a la población en vez de acercarla