Blog
Una oportunidad que inicia
El 18 de marzo todos los Estados miembros de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático recibieron una copia fiel del Acuerdo de París.
Este es el primer paso hacia la ratificación o aceptación del acuerdo a nivel nacional. Inicia el 22 de abril del 2016 y se extiende hasta el 21 de abril del 2017 y representa la oportunidad para que la humanidad consolide un proceso mundial y enfrente el cambio climático.
Necesitamos que al menos 55 países, que representen como mínimo el 55% del total de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, lo ratifiquen para que entre en vigor.
La posibilidad está vigente pero depende que todos(as) nos involucremos.
Tenemos que gestionar y limitar el balance mundial de emisiones para mantenernos dentro de los 2 grados Celsius de incremento en la temperatura planetaria y, de ser posible, bajarla a 1.5 grados. Esta es la meta principal que resume el esfuerzo del Acuerdo de París hacia el bienestar humano y ecosistémico.
El acuerdo sienta las bases para organizarnos en esta gran tarea. Debemos emprender el cambio del modelo de desarrollo hacia uno bajo en emisiones y sostenible. Además, vamos a iniciar las medidas de adaptación para reducir los efectos adversos y aprovechar las oportunidades. Esto, bajo el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas, según sea el contexto de cada país.
Las contribuciones nacionales fueron creadas de forma previa al acuerdo y su contenido o propósito no era el más definido. Sin embargo, por medio del acuerdo se vuelven las políticas climáticas de referencia a nivel nacional y herramientas esenciales de la gobernanza mundial. En el acuerdo se desarrolla su contenido con mayor profundidad que en las decisiones anteriores de la COP, incluyendo detalles o metas interesantes como:
- Lograr que las emisiones mundiales tengan un límite máximo y que alcancen para la mitad del sigo un balance entre las emisiones generadas por las personas y la absorción de estas por medio de sumideros (bosques, etc..).
- Todos los paises deben tener una contribución nacional, reportar los avances en cada COP y cada cinco años remitir la contribución nuevamente, tomando en cuenta el elemento de mejora continua.
- Las Contribuciones Nacionales tienen que tomar como referencia el balance mundial de emisiones al ser creadas o remitir nuevas propuestas. Las medidas que se adopten para alcanzar la meta principal del acuerdo deben calzar con la realidad.

Otro gran detalle que encierra el acuerdo es la necesidad de aumentar los depósitos y sumideros de gases de efecto invernadero. Esto implica el incremento de los bosques a nivel mundial y otras acciones. Se plantea una herramienta novedosa para lograr este objetivo, que es el pago por resultados.
Se establece una modalidad cooperativa entre países para transferir la reducción de emisiones de un país a otro, en virtud de los esfuerzos en conjunto que se realicen. Este método voluntario facilita la transferencia de tecnología como la apertura de financiamiento para proyectos de reducción de emisiones o de fijación de carbono.
Una de las grandes reivindicaciones que ciertos países y grupos de interés han hecho a lo largo de estos 22 años de negociación es la posibilidad de no utilizar el mercado para reducir las emisiones. Se abrió la posibilidad de que los países gestionen su adaptación y mitigación por otros medios, que sean integrados, holísticos y equilibrados.
El tema de adaptación se define como un componente fundamental para enfrentar al cambio climático, que involucra a todos, sea a nivel local, subnacional, nacional, regional e internacional. Este esfuerzo ha de estar en manos de cada país e incluir las cuestiones de género, participación ciudadana, transparencia y considerar a los grupos, comunidades y ecosistemas vulnerables.
Este esfuerzo debe basarse en la mejor información científica disponible. Ademas, se incluye el factor ciudadano al adoptarse estas medidas y los países se obligan a planificar para la adaptación. Estas medidas deben ser actualizadas y comunicarse a la Secretaría de la Convención periódicamente.
Para lograr todas estas metas se requiere el apoyo financiero y en especial de los países en vías de desarrollo. Se consigna como una obligación de estos países brindar este apoyo y asegurar que sea balanceado entre iniciativas de adaptación y mitigación. Sumando a esto, se establece una visión de largo plazo para buscar el desarrollo y transferencia de tecnología, para asegurar un mayor nivel de reducciones de gases de efecto invernadero y una mayor resiliencia.
La innovación es un elemento esencial para potenciar el crecimiento económico y el desarrollo sostenible. Es por esto que se busca asegurar la generación de capacidades para que todos los países puedan tomar las medidas que plantea el acuerdo y se genera una obligación estatal para mejorar la educación, la formación, la sensibilización y participación del público, y el acceso público a la información. Esto representa una oportunidad para universidades, ONGs y centros de investigación de liderar el desarrollo de capacidades.
Los planes están en tinta y papel en las manos de nuestros representantes políticos, pero para volverlos realidad debemos asegurarnos de que se tome el primer paso a partir del 22 de abril del 2016. La aceptación o ratificación de este acuerdo por parte de todos los países es crítico para iniciar el largo camino.
Posteriormente, la prioridad debe ser el asegurarnos que el acuerdo surta efecto positivo. Debemos revisar las comunicaciones de nuestro país y velar para que muestre resultados tangibles. En el 2023 se hará el primer balance mundial de emisiones. Ahí iniciaremos este control cada 5 años, hasta lograr la meta de controlar las emisiones por el bien de la humanidad y el planeta.