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Chile: la vulnerabilidad como fortaleza frente al cambio climático

Fecha de publicación en Latinclima
Autor institucional: Earth Journalism Network
Región: Suramérica
Año de publicación:: 2016
Las aves playeras son especialmente vulnerables al cambio climático debido su carácter migratorio
Uso con crédito de autor personal e institucional

Chile se ha posicionado como uno de los países más vulnerables al cambio climático de América Latina, con evidentes y frecuentes desastres naturales que ha obligado a sus gobiernos, organizaciones y sociedad civil a emprender el necesario camino de la adaptación. Una radiografía por la situación actual de un país con algunos logros alcanzados, pero aún con mucho accionar conjunto por realizar para hacerle frente al principal problema del siglo XXI.

Entre los kilómetros recorridos, las horas de espera y los miedos en el despegue; entre todo aquello que define a un viaje, jamás he presenciado una majestuosidad de la naturaleza como al dirigirme a Chile, jamás he visto a casi el 99% de las personas a bordo dejar la película o de  dormir por dedicarse a contemplar ese magnífico regalo del planeta Tierra. La Cordillera de los Andes evidencia ese momento de contacto divino con la naturaleza, con aquella inmensidad, con aquel necesario interrogante por saber cuánto daño le estamos haciendo.

Al pisar suelo chileno, entre edificios en construcción y la lucha ruidosa entre taxistas y choferes de Uber, esa majestuosidad está siempre presente como un vigilante silencioso. Junto con mi avión, el cambio climático llegaba a los titulares de periódicos y noticieros: “Chile es el país latinoamericano mejor adaptado al cambio climático”. Entre diálogos y cafés, los chilenos me advertían que ello no podía ser considerado un logro o un triunfo, que la realidad evidentemente iba más allá de las estadísticas; que el cambio climático, lejos de superarse, seguía siendo uno de los grandes desafíos para el país. 

Entre la debilidad y la adaptación

¿A qué se debía, entonces, el titular tan glorioso y llamativo que acaparó la atención del país en abril pasado? La Universidad de Notre Dame dio a conocer su “Índice Global de Adaptación al Cambio Climático” (ND-GAIN) con base en dos componentes: la vulnerabilidad a los efectos del fenómeno y la preparación por medio del aprovechamiento de inversiones y las acciones de adaptación.

Allí, Chile figuraba entre los países mejor preparados, más precisamente en  el puesto número 30, más oportunamente como el primer país latinoamericano en el ranking. Joyce Coffee, directora gerente del índice, reflexiona sobre el posicionamiento chileno: “no nos sorprende que Chile resulte tan resiliente. Se han ido preparando para fenómenos cada vez más frecuentes, como los terremotos. Celebramos su posicionamiento, pero sabemos que no es simple, conocemos que Chile es más vulnerable que otros países en muchos aspectos y que tienen que continuar trabajando”.  Al respecto, la experta destaca la importancia de mejorar el staff médico per cápita que presenta el país, clave ante situaciones de desastres naturales.

Lejos de desestimar la importancia del índice, Fernando Farías, jefe del departamento de Cambio Climático del Ministerio del Medio Ambiente de Chile, prefiere poner las cosas sobre la balanza: “es importante porque en el fondo compartimos geografía y los problemas. Tenemos un camino por recorrer juntos para adaptarnos al cambio climático, dependiendo de las estructuras de cada país. El cambio climático es un problema regional y tenemos que ayudarnos entre todos para adaptarnos. Chile no se va adaptar solo sino en conjunto con otros”.

Por su parte, Paulina Aldunce, subdirectora del departamento de Ciencias Ambientales y Recursos Naturales Renovables de la Universidad de Chile e investigadora experta en adaptación del Centro de Investigación del Clima y Resiliencia (CR)2, se muestra crítica: “Si uno analiza el reporte, no hay ningún indicador relacionado directamente con el cambio climático. Son aspectos generales, pero no específicos a la temática. Se sabe que Chile está mejor en ciertos indicadores, pero eso no significa que estemos avanzados frente al cambio climático”.

En uno y otro caso, el índice dio muestras de que, por voluntad u obligatoriedad, la adaptación al cambio climático es una realidad y necesidad en el país latinoamericano.

De acuerdo con los parámetros de la Organización de las Naciones Unidas, Chile posee siete de las nueve características que definen a un país como vulnerable. Hoy ha definido nueve áreas de mayor afectación, descritas por Farías: “el sector silvoagropecuario y la modificación de los alimentos, producto del aumento de las temperaturas; la actividad pesquera y la acuicultura; la modificación de las especies y el impacto sobre la economía de los trabajadores; la biodiversidad y el estrés bioclimático; la disponibilidad del recurso hídrico ante menores precipitaciones y cambios en el ciclo del agua producto del derretimiento de los glaciares; la salud de las personas y la aparición de nuevos vectores; la infraestructura y las nuevas obras preparadas para eventos inciertos; el sector energético y la respuesta a un futuro aumento del consumo; el turismo, como vulnerable a las modificaciones, pero también como actor clave de responsabilidad en contacto con la biodiversidad local; y las ciudades y la planificación de la adaptación urbana como uno de los principales desafíos presentes”.

Cada una de estas áreas se integra en un Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático como política pública, no ambiental sino transversal de gobierno. Al momento, solo están aprobados el silvoagropecuario, la biodiversidad y la pesca y acuicultura, con vistas a continuar trabajando en las otras áreas y desarrollar un plan exclusivo para el sector ciudades. 

Entre el cambio y la acción

Las aves y la mariposa, por un lado, el ciudadano en bicicleta, con su perro y las casas, por otro, no sólo eran parte creativa de la fachada de ingreso del Ministerio del Medio Ambiente, sino que también eran parte protagonista del paisaje al recorrer las calles de la ciudad. Allí, naturaleza y urbanismo parecen tener más elementos en común que diferencias, allí la necesidad de adaptación al cambio climático se hace imperante como elemento común. Pocos días después de regresar de Chile, la ciudad se declaraba nuevamente en condición de emergencia ambiental ante los elevados niveles de polución atmosférica.

¿Pero qué ocurre si nos distanciamos un poco de la Región Metropolitana con casi siete millones de habitantes? ¿Qué ocurre si observamos a la biodiversidad en todo su esplendor: fauna y flora? Diego Luna Quevedo, especialista en conservación de la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras, lo explica ejemplificando con esos seres alados tan característicos de Chile, más vulnerables al fenómeno por ser de los animales que más migran en el reino animal: “hay tres impactos claros del cambio climático en la biodiversidad: las señales del aumento del nivel del mar, que afecta sus hábitats; los cambios de la temperatura de los océanos y su relación directa con la disponibilidad del alimento; y los cambios en los rangos de distribución de las aves y el ciclo de vida, que afectan sus tiempos”.

Ante ello, la red trabaja activamente en la construcción de un sistema hemisférico de sitios que son utilizados por las aves en toda su área de distribución, desde el Ártico hasta la Patagonia. Luna Quevedo es contundente respecto de la necesidad de actuar en pos de la fauna local: “se requieren acciones y respuestas hoy, no mañana. O encaramos ahora la situación o se acabarán las aves. Tú y yo podremos ver extintas a algunas especies que ya hoy se encuentran en alerta roja”.

Dicha acción involucra también al ciudadano común a partir del cuidado del hábitat de las aves, sus playas y humedales, y el involucramiento de comunidades con base en el conocimiento científico que hoy encuentra su esplendor en el uso de las redes sociales. Al respecto, el experto asegura: “trabajamos con la gente por medio de festivales con múltiples actividades para que comprendan que las aves son indicadores del estado de salud del ambiente en el que vivimos”.

Del mismo modo, Diego Alarcón, ingeniero forestal y responsable de la iniciativa Chile Bosque, describe el impacto del cambio climático en la fauna más preciada de los bosques locales: “la disminución de las precipitaciones afecta a especies de árboles ubicadas a orillas del estero, que tienen mayores necesidades de agua, y uno ya advierte el estado de sequedad en el que se encuentran”.

Al igual que con las aves playeras, el cambio climático afecta el ciclo fenológico de ciertas herbáceas que germinan antes de lo esperado y terminan secándose porque las precipitaciones no son suficientes durante la primavera, tal es el caso del roble. Frente a ello, el foco está puesto en atender las necesidades de escasez de agua de la gente; la flora queda en un segundo plano, con consecuencias drásticas para, por ejemplo, el árbol Ruil (Nothofagus alessandrii), ya en peligro de extinción.

Los esfuerzos se limitan a iniciativas como la de Chile Bosque, con excursiones y charlas informativas, o de las acciones propias del Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas (SNASPE) por garantizar la conservación de áreas en peligro.

Como expresa Coffee, “la adaptación es también acerca de tomar decisiones en el largo plazo”. Implica la participación activa de los gobiernos con sus políticas, del sector corporativo como el gran conductor de la economía y propietario del dinero necesario, y de la sociedad civil en su accionar cotidiano. Implica el desarrollo de iniciativas como Adapt-Chile para, en palabras de sus responsables, Katherine Britt Indvik y Paola Vasconi, “vincular los conocimientos científicos con la toma de decisiones de los gobiernos locales, intercambiar experiencias de los municipios ante el cambio climático a partir de una red local, capacitar en comunicación de la temática pues suele haber mucha información macro y se requieren datos concretos locales y regionales para mejorar la adaptación”.

La vulnerabilidad y los pasos alcanzados por Chile son ejemplos para el resto de los países de la región, ambos sirven para evidenciar los riesgos a los cuales nos enfrentamos y las soluciones posibles de poner en práctica. En definitiva, todos queremos que nuestros nietos, nuestros hijos e, incluso, nuestros hermanos hoy puedan seguir disfrutando de ese mágico instante de vínculo con la naturaleza al cruzar la Cordillera por los aires. 

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Este reporte periodístico forma parte de un grant otorgado por la Earth Journalism Network de Internews, de la cual LatinClima forma parte de su consejo de redes regionales.

Copyright: Uso con crédito de autor personal e institucional

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