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Miguel Cifuentes: “La ventana de tiempo para actuar de forma certera ante el alza en el nivel del mar se nos está yendo”
¿Qué tan crítico es el aumento en el nivel del mar?
La tasa de aumento del nivel del mar entre 1900 y 2010 es de alrededor de 20 cm en promedio, una tasa sin precedentes en los últimos 2000 años. En todos los escenarios que hemos considerado, las tasas se van a acelerar sobrepasando las actuales. La comunidad científica global ha venido midiendo el nivel medio del mar con distintos tipos de instrumentos e información, como es el caso de perfiles de suelos en zonas marino-costeras, para determinar dónde estaba el nivel del mar y unirlo a datos que vienen de satélites, sondas y boyas. Cuando combinamos todo esto, es que empieza a emerger la evidencia de que el nivel del mar ha venido aumentando paulatinamente.
Esto viene de la mano con la misma dinámica de aumento de las emisiones de dióxido de carbono en la atmósfera y la transferencia de energía que se da entre la atmósfera y el océano. La buena noticia es que, si podemos reducir esas emisiones, entonces vamos a poder controlar el aumento en el nivel del mar.
¿Cuáles son las causas?
Hay varios fenómenos que provocan el aumento del nivel del mar. La expansión térmica de los océanos es el factor principal. Cuando el agua se calienta, una de las propiedades físicas que tiene es que se expande, como sucede cuando sube el nivel del agua en una olla de cocina antes de que empiece a hervir. Si tenemos que el aumento en el nivel del mar es de 2-3 mm por año, no suena mucho, pero cuando esto se multiplica por la gran extensión que tienen los océanos alrededor del mundo, estamos hablando de cifras astronómicas.
Por el mismo calentamiento, hay un derretimiento de los glaciares, que se está dando en todo el mundo y se ha documentado desde inicios de 1900. Ese deshielo incide también en el aumento en el nivel del mar.
A partir de la década de los 90 estamos perdiendo, además, los grandes casquetes polares, esos mantos de hielo que existen en los polos, principalmente en Groenlandia y la Antártida.
Son estos tres elementos principales los que contribuyen al aumento en el nivel del mar.
¿Por qué no es equivalente ese aumento en todas las regiones?
Tenemos que incluso bajo condiciones normales, la amplitud de las mareas es diferente; por ejemplo, entre las costa Pacífica y Atlántica de un mismo país. Y esto se debe a efectos gravitacionales, pero también a la topografía y a condiciones tectónicas, que pueden afectar la forma en la que el nivel del mar sube y baja. Asimismo, hay ciclos internos de menor temporalidad que tienen que ver con las fases de la luna y producen pleamares más altas. Estos factores combinados con eventos extremos, como tormentas y marejadas, hace que los impactos se vean potenciados.
¿Qué sitios en América Latina se podrían ver más afectados?
Los efectos más grandes se están percibiendo en ambas costas. En Costa Rica se puede ver lo que está ocurriendo, por ejemplo, en el Parque Nacional Cahuita en el Caribe (donde el mar ha penetrado ampliamente). En Honduras también tenemos casos documentados de pueblos costeros que se han perdido y las poblaciones han tenido que moverse con sus edificaciones principales. El efecto de las inundaciones todavía no se percibe tanto porque son eventos que suceden al combinarse el aumento en el nivel del mar con eventos extremos como tormentas y marejadas, pero son hechos que podrían volverse poco a poco más comunes y amenazar las economías y medios de vida, como ya ha sucedido con la inundación de la planicie costera de El Salvador.
Hablar de riesgo también es relativo. Para entender el riesgo que un fenómeno de este tipo puede tener sobre las comunidades, depende mucho de los elementos biofísicos que ya conversamos, pero también de las condiciones socioeconómicas y la capacidad de resiliencia, que es la capacidad de responder adecuadamente. No es lo mismo, por ejemplo, que se inunde Miami versus que se inunden zonas costeras de ciudades de países en desarrollo.
¿Cuáles son los tipos de impactos que se producen?
Hay que tomar en cuenta que no existe una barrera sólida entre el océano y la tierra. El agua dulce se filtra hacia el océano y la de este en la tierra. Sin embargo, cuando hay más presión, ese equilibrio se pierde y hay un mayor flujo de agua marina hacia la parte terrestre. Por el proceso de evapotranspiración, sucede que el agua salobre se evapora pero deja una serie de sales que muchas veces son tóxicas para las raíces de las plantas y los cultivos tienen problemas para crecer. Asimismo, el agua salobre se contamina más fácilmente y hay más presencia de patógenos, coliformes y otros.
Como el suelo se satura más, el nivel de agua subterránea tiende a elevarse también y los suelos no drenan tan fácilmente. Entonces se da un mayor potencial de inundaciones en las zonas marino-costeras. También hay erosión costera y se produce un descenso del nivel del terreno base por un efecto de compactación de los sedimentos, los cuales bajan de altura.
Como sucede en todo sistema, hay factores interconectados que influyen en los demás si algo cambia. Entonces hablamos de muchas afectaciones; por ejemplo, si un manglar muere perdemos peces, crustáceos y una barrera ante tormentas, entre otros. Entonces los impactos se van a ver más en función de los diferentes sectores productivos.
¿Qué grado de preparación tiene América Latina en este momento?
Estudios pasados han colocado a la región como una de las más vulnerables a los impactos del cambio climático. Y por todos estos factores que hemos visto, podríamos decir que la región es susceptible a sufrir los efectos del alza en el nivel del mar. Y aquí entra otro factor importante que es la percepción cambiante de las personas, de las sociedades y los gobiernos acerca de los fenómenos. En la medida en que todos estos impactos se hagan más frecuente y severos, la sociedad en general va a abrir los ojos a lo que está pasando y demandará respuestas.
¿Qué sería lo más importante, a lo que hay que prestarle atención, para prepararnos mejor ante todos estos impactos?
Desde mi rol como especialista del Catie diría que hay que considerar varias perspectivas: el tema de incidencia, por ejemplo. Mi experiencia trabajando en Centroamérica es que las comunidades locales no perciben el cambio climático porque están más preocupadas en llevar alimentos a su mesa que en una dinámica global que no pueden controlar. Pero la información tiene que llegarles porque ellos también necesitan orientar sus respuestas y saber que, si no lo hacen, sus medios de vida van a verse afectados.
También es necesario reforzar el nivel de investigación relacionada con estos temas y los políticos deberían tener la obligación de informarse bien y hacer propuestas con base en esa información e involucrar también al sector privado. Las respuestas deben ser multisectoriales, ya que estamos hablando de afectaciones a sectores tan diversos como agricultura, infraestructura, turismo, comercio y salud. Esa complejidad de respuestas a nivel de gobierno y sociedad no la estamos atendiendo. Es un desafío importantísimo que tenemos que afrontar. Desafortunadamente estamos abordando la situación en forma reactiva y no proactiva.
¿Cuáles medidas de adaptación se pueden tomar?
Debemos poner en práctica soluciones de todo tipo, que van desde aquellas “duras” o ingenieriles tipo diques, barreras y disipadores de energía en sitios que las ameritan, las cuales son complejas y de un alto costo, como lo sería el caso de Ciudad de Panamá con toda su compleja infraestructura frente al mar. Y existen otras soluciones más “blandas” basadas en la naturaleza, como la restauración de ecosistemas marino-costeros como los manglares, con el fin de tratar de aminorar los efectos. Estas medidas tienen un costo menor y brindan estabilidad ecológica.
Las soluciones van a depender mucho también de la magnitud de los impactos. La adaptación pasa definitivamente por un nivel local pero también es importante cómo se articule en otros niveles como el nacional. No son respuestas aisladas.
¿Qué ritmo están teniendo los impactos versus las soluciones?
La situación que yo veo es de una urgencia extrema. No es suficiente lo que estamos haciendo y tenemos que acelerar el proceso de adaptación. La ventana de tiempo que nos permite reaccionar de forma certera para disminuir los impactos de una forma medianamente aceptable para la sociedad, se nos está yendo.